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domingo, 29 de agosto de 2010

PISA 2006 Iberoamérica Organización y funcionamiento de las escuelas

Introducción. Información disponible en pisa sobre la Organización y el funcionamiento de las escuelas
Según señala el informe internacional correspondiente a la aplicación de 2006, los estudios PISA han examinado un conjunto de características de los centros escolares siguiendo tres líneas de investigación. La primera se centra en las características de la organización y la gestión de los centros (autonomía, liderazgo, prácticas de evaluación, implicación de los padres, entre otras). La segunda agrupa los estudios sobre los recursos humanos y materiales educativos (proporción entre alumnos y profesores, calidad de las infraestructuras físicas del colegio, recursos educativos, etc.). Y por último, la tercera línea se centra en los procesos educativos en el aula (oportunidades de aprendizaje de los alumnos, tiempo que emplean en las tareas, control del rendimiento en clase, etc.). En el presente capítulo se analiza la información que aporta PISA sobre algunos de los aspectos de las escuelas y las aulas en las que los alumnos evaluados desarrollan las competencias básicas, como los relativos a la organización de las escuelas, los criterios de admisión de los alumnos, el grado de autonomía y

Organización y funcionamiento de las escuelas



corresponsabilidad de equipos directivos y comunidades educativas, y los recursos de los centros. A esta información se añade la que ofrecen los alumnos sobre sus actitudes ante las ciencias y la de los padres sobre su percepción del funcionamiento de las escuelas. El análisis de los resultados que se ha realizado en el capítulo anterior, en el que se han considerado los factores asociados a los mismos, pone de manifiesto la importancia que para unos buenos resultados educativos tienen la organización y el funcionamiento de las escuelas, el trabajo de los equipos docentes y de cada uno de los profesores y lo que ocurre día a día en el aula. Sin embargo, conocer estos aspectos del funcionamiento de las escuelas y de las aulas es tan importante como complejo, especialmente si se abordan estas cuestiones solo desde la evaluación externa y con los instrumentos que PISA utiliza, es decir, cuestionarios auto-respondidos. Como se ha señalado, PISA ofrece información sobre estas cuestiones en el capítulo 5 del informe internacional. Lo que allí se expone se basa fundamentalmente en cuestionarios respondidos por directores y alumnos, y en menor medida en cuestionarios dirigidos a los padres. Por esta razón, no se ha querido limitar este informe al análisis sobre estos factores que se hace en el capítulo anterior. Se trata de complementar aquí dicho análisis, debido a su relevancia. No obstante, es necesario subrayar que la información que se ofrece en este capítulo debe tomarse con cautela. En primer lugar, porque no son muchos los directores consultados por cada país (excepto en algunos casos). En segundo lugar, en aquellos sistemas educativos en los que la enseñanza se imparte en diversas instituciones educativas a lo largo de la vida escolar, el entorno actual de aprendizaje y los datos contextuales recogidos en PISA de los alumnos de 15 años solo pueden explicar parcialmente los resultados de los alumnos, ya que no considera directores, profesores y compañeros de años anteriores. Por último, el estudio de los recursos de un centro requiere una precisión que es posible que las encuestas no logren recoger, ya que los directores pueden no disponer del tiempo o los medios para recoger tales datos. Asimismo, sería importante poder asociar recursos a determinados estudiantes más que asociarlos a todo un centro. Hay que insistir, por tanto, en la prudencia al considerar estos datos presentados por el informe internacional y aquí recogidos, sin perder de vista la importancia de los aspectos a los que se refieren. Por otra parte, se ha señalado que es complejo medir los procesos educativos en los centros y en las aulas mediante pruebas estandarizadas externas. Pero no menos complejo es recurrir a evaluaciones, opiniones y percepciones de los propios centros y profesores que, por su carácter eminentemente ligado a cada contexto, no son comparables internacionalmente, y ni siquiera entre escuelas o etapas educativas y equipos de profesores de un mismo país. Por tanto, debemos tener presente que se trata de información complementaria importante que puede iluminar los resultados, aunque se tomen las precauciones del caso. Esta es la razón que justifica este capítulo en el Informe del GIP.

La cautela señalada exige matizar cualquier relación entre los resultados de los cuestionarios y los de las pruebas de los alumnos. Por esta razón, en este capítulo se renuncia a relacionar directamente la organización y el entorno de las escuelas con el nivel de rendimiento de los alumnos. Se abordan aspectos relativos a la política de admisión de alumnos por parte de las escuelas, la autonomía de que disponen los directores y órganos de dirección de las escuelas y los recursos que se ponen a su disposición, así como percepciones de alumnos y padres. No se relacionaron procesos de aula con aspectos del informe por la debilidad de la información. No obstante, este asunto es de la mayor importancia y el GIP quiere dejar constancia de lo valioso que sería para PISA plantearse instrumentos más adecuados para mejorar la información que sobre los procesos educativos se puede obtener en el contexto de una evaluación externa.

Políticas de admisión de los alumnos en las escuelas
Para conocer el grado de selección de los alumnos que realizan las escuelas se preguntó a los directores sobre las políticas de admisión que aplicaban en el centro. Entre otros criterios, se recogen a continuación el grado en que se toman en consideración para la admisión de alumnos el área de residencia, las calificaciones de los alumnos, el deseo o necesidad de un programa especial y la existencia de familiares matriculados en el centro. Entre estos criterios destaca claramente la admisión en función del área de residencia de los estudiantes, por ser el más frecuente en los países de la OCDE (47 % de los alumnos), seguido de las calificaciones de los alumnos (27 %) y del deseo de realizar un programa especial (19 %) (Gráficos 5.1 y 5.2)1. Gráfico 5.1 Políticas de admisión en los centros escolares Porcentaje de alumnos matriculados: En función de residir en un área particular

El deseo o la necesidad de un alumno de cursar un programa específico es el siguiente criterio más utilizado en la OCDE (19 %). Portugal es el país del grupo donde más alumnos hay matriculados en función de este criterio (41 %). Por encima del promedio de la OCDE también se sitúan Colombia y Argentina (20 % de los alumnos en los dos países), mientras que en el resto de países del GIP este criterio de admisión es menos frecuente (en torno al 10 %). Finalmente, España es el país donde el criterio de existencia de familiares matriculados en el mismo centro es el más utilizado en la admisión de alumnos. Portugal y Argentina también aplican este criterio de admisión con más frecuencia que los países de la OCDE. Por debajo de esta media se sitúan el resto de países iberoamericanos, siendo Colombia (5 %), Brasil (6 %) y Uruguay (7 %) los que menos habitualmente aplican esta política (Gráfico 5.2). Puede concluirse que, en general, la selección de alumnos por parte de las escuelas por motivos distintos que los de residir en el área de residencia no es determinante en los países de la OCDE, si se descuentan aquellos con un elevado porcentaje de centros privados o los países asiáticos. Solo Chile y México entre los países del GIP dan un peso relativo a las calificaciones anteriores de los alumnos y prácticamente solo en España es un factor determinante el tener hermanos en el centro.

Percepción de los directores sobre la autonomía de sus escuelas y asunción de responsabilidades por parte de la dirección y del conjunto de la comunidad educativa
Este es uno de los factores mejor analizados por PISA. Hay que destacar también que en este asunto la información de los directores es seguramente la mejor fuente posible y, desde luego, es cualificada. Para medir el grado en el que la comunidad educativa de una escuela participa en la toma de decisiones relativas a la gestión del centro, PISA pregunta a los directores de los colegios el grado de responsabilidad y de influencia de las partes interesadas (el propio director, la junta de gobierno del colegio, grupos de directores, asociaciones de padres y de estudiantes…) en la toma de decisiones. A continuación, se analiza la autonomía de la que disponen los propios directores de los centros en la toma de decisiones relacionadas con el profesorado, el alumnado, las enseñanzas y el presupuesto. Con respecto a la autonomía de la que disponen los directores en relación con el profesorado (tanto en relación con su contratación como con la posibilidad de una mejora salarial), se observa que los directores de los países del GIP, excepto Chile, tienen menos autonomía que el resto de países de la OCDE (Gráfico 5.3). Y, cuando esta autonomía existe, se concentra, al menos en algunos de los países GIP como España y Chile, en los centros privados. Gráfico 5.3 Autonomía de los centros escolares Porcentaje de alumnos en centros cuyo director informó que tiene autonomía a la hora de: Contratar al profesorado


Respecto a la contratación de los profesores de sus escuelas y en los salarios que perciben, las situaciones de los países del GIP son diversas y la de los países utilizados en la comparación también. No parece poder establecerse de modo concluyente ninguna relación entre esta capacidad de decisión de los directores y los promedios de los países en las pruebas PISA, pues hay resultados en los extremos en todos los casos considerados. Si se compara la autonomía del director en las decisiones relativas al profesorado y en aquellas relativas al alumnado, se observa una mayor flexibilidad de los directores de la OCDE en lo que respecta a los alumnos (admisión, disciplina y evaluación) que en aquellas relativas al profesorado (Gráficos 5.3 y 5.4). Este es el patrón al que responden también los países del GIP. La autonomía de los directivos con los alumnos y sus circunstancias es considerablemente mayor. Entre el 63 % y el 82 % de los alumnos que han participado en PISA 2006 se encuentra en centros en la que la dirección toma decisiones relativas a las cuestiones de admisión, disciplina o evaluación de los estudiantes. Con relación a la admisión de alumnos, los directores de los centros de Brasil, Argentina, Colombia y Chile poseen más autonomía que la media de los países de la OCDE (76 %,79 %, 80 % y 91 %, respectivamente, frente al 74 % de la OCDE), mientras que los de Uruguay y México se sitúan por debajo de esta media (41 % y 67 %, respectivamente). Autonomía para la admisión de los alumnos equivale a autoridad para seleccionar estudiantes para su matrícula. De hecho, países como Chile, Argentina y México están entre los países que menos matriculan según el lugar de residencia y que más seleccionan según el desempeño académico. El 82 % de los alumnos de la OCDE asisten a colegios donde los directores disponen de autonomía en la disciplina de los alumnos. En el GIP, Chile, México y Colombia superan este porcentaje con un 85 %, 89 % y 96 %, respectivamente. En el caso del establecimiento de normas de evaluación, Chile es el único país que presenta un porcentaje superior al resto de países de la OCDE (63 %). Aunque por debajo de esta media Brasil, México y Colombia presentan porcentajes próximos (56 %, 58 % y 61 %, respectivamente), mientras que Uruguay y Argentina se alejan significativamente de ella (20 % y 42 %, respectivamente). Dentro de los países del GIP, Uruguay, España y Portugal presentan los porcentajes más moderados de autonomía en todos los asuntos relacionados con la admisión, la disciplina y la evaluación de los alumnos, y Chile y Colombia los más elevados. Tampoco en este caso, considerando los países del GIP o de la muestra, puede concluirse una relación evidente entre autonomía de los directores y resultados de los países. En el Gráfico 5.5 se recogen los porcentajes sobre la autonomía de los directores en relación con las enseñanzas ofrecidas y la elaboración del presupuesto. Solo los directores de Chile y Colombia ostentan una autonomía mayor en la decisión sobre las enseñanzas ofrecidas que el resto de directores de la OCDE (74 % y 77 %, respectivamente, frente a un promedio de 53 %). Argentina presenta un porcentaje cercano a la media (52 %), mientras que México, Uruguay y Brasil se alejan considerablemente de la media de la OCDE (16 %, 18 % y 29 %). El promedio de alumnos de la OCDE escolarizados en centros cuyos directores dicen tener autonomía con relación a la elaboración del presupuesto se sitúa en el 57 %, siendo Colombia el país iberoamericano con más autonomía en este campo (88 %). México y Chile también declaran mayor autonomía que la media de los países de la OCDE (58 % y 62 %, respectivamente). De forma general se concluye que Chile es el único país del GIP en el que los directores disponen en todos los casos (con relación a los profesores, a los alumnos, a las decisiones sobre las enseñanzas ofrecidas y a la elaboración del presupuesto) de una mayor autonomía que el promedio de países de la OCDE, mientras que Uruguay se halla sistemáticamente por debajo de este promedio. Debe extremarse la prudencia al considerar el efecto de la autonomía de los directores sobre las enseñanzas y los resultados de los alumnos (véanse, por ejemplo, los resultados de Finlandia en todos los gráficos). Como se ha destacado anteriormente, la relación entre los diferentes aspectos de la autonomía de los centros en un país y el rendimiento de los estudiantes puede no ser muy elevada. Sin embargo, cuando PISA estudia esta relación a través de un análisis multinivel y con todos los países de la muestra, concluye que, en general, el rendimiento medio suele ser más elevado en aquellos países en que los directores informan de un grado más alto de autonomía en la mayoría de los aspectos de la toma de decisiones mencionados anteriormente. A continuación se describe la influencia que ejercen las juntas de gobierno de las escuelas en las decisiones relativas a las políticas de personal, a la elaboración y asignación de presupuestos y al contenido educativo, siempre según las respuestas de los directores. En el conjunto de países de la OCDE, la junta directiva de los centros participa sobre todo en la elaboración de presupuestos (62 %), y en menor medida en las políticas de personal (34 %) y en la decisión sobre contenidos educativos (22 %) (Gráfico 5.6). La influencia directa de las juntas directivas en las políticas de personal (contrataciones y despidos) es muy desigual entre los países del GIP. En Colombia, un porcentaje muy bajo (6 %) de estudiantes de 15 años asiste a centros privados cuyo director declara que la junta directiva ejerce una influencia directa en las políticas de personal. En España y Uruguay el porcentaje se sitúa alrededor del 20 %. En Brasil, Portugal, Argentina y México el porcentaje es superior al de la media de la OCDE, en torno al 40 %. Y, por último, en Chile la junta directiva ejerce claramente una influencia directa en este aspecto (75 %). En Chile, Portugal, Colombia y España más del 70 % de los estudiantes asiste a centros cuyos directores perciben una fuerte influencia de la junta en la elaboración y asignación de presupuestos, mientras que en Uruguay este porcentaje está muy por debajo de la media del GIP (18 %).

Nuevamente hay que tener en cuenta la gran diferencia que existe en muchos sistemas educativos entre centros públicos y privados en estos aspectos. En la mayoría de los países del GIP (salvo en Portugal, Uruguay y España) la influencia de la junta directiva del centro en el contenido educativo es más importante que en los países de la OCDE (22 %). Además, en Chile, Colombia y Brasil más del 50 % de los estudiantes asiste a centros en los que existe una influencia directa de la junta de gobierno en la definición de los contenidos educativos que se imparten en el centro.

martes, 2 de marzo de 2010

Recomendaciones de política

A partir de los hallazgos del estudio de factores asociados se pueden esbozar algunas recomendaciones concretas de política que tienen una mayor probabilidad de mejorar los aprendizajes de los estudiantes. Las recomendaciones siguen la misma organización de las conclusiones, iniciando por el aprendizaje y siguiendo por la relación entre el contexto sociocultural y el aprendizaje. Después, se toman los temas de los procesos educativos y se finaliza con los insumos.

Los distintos logros de aprendizaje entre países plantean desafíos específicos para cada nación. Como ejemplo, se pueden indicar los casos de República Dominicana y Nicaragua, donde el rendimiento de los estudiantes es generalizadamente bajo. En estos países parece recomendable revisar el currículo prescrito e implementado, para determinar si los bajos logros se deben a la baja exigencia del currículo, al manejo inapropiado de los contenidos y su pedagogía por parte de los docentes, o a la falta de relevancia y pertinencia del currículo, sólo por mencionar algunas hipótesis. Para estos contextos se requiere de estrategias que promuevan un incremento del aprendizaje de todos los estudiantes.

Dada la fuerte influencia del contexto sociocultural en los aprendizajes, se pueden implementar medidas relacionadas con la escuela y otras específicas para el contexto. La política educativa en los países de América Latina y el Caribe podría promover un alza global de los aprendizajes si enfoca sus esfuerzos en mejorar las condiciones y los procesos de enseñanza en las escuelas más desfavorecidas. El análisis de perfiles escolares verifica que existe una pendiente muy pronunciada de la relación entre la puntuación promedio de logro de las escuelas y el nivel socioeconómico y cultural de la escuela. Atendiendo a este dato, es indispensable acortar la brecha de aprendizaje entre las escuelas más pobres y de menor rendimiento. En la región se han probado diversos mecanismos dentro de la lógica de políticas compensatorias que han tenido resultados modestos en términos de mejorar el aprendizaje. Por ello, se requiere elaborar políticas que reconozcan las debilidades particulares de las escuelas y se enfoquen en subsanarlas. La política educativa, por tanto, podría enfocarse en las escuelas con menores logros y nivel socioeconómico y cultural. Asimismo, es indispensable que las políticas atingentes a las necesidades específicas de aprendizaje de los estudiantes de cada escuela. Para elaborar las políticas de apoyo sintonizadas a las distintas realidades de las escuelas y los estudiantes que atienden se pueden esbozar recomendaciones de política en relación con los docentes, las escuelas y la igualdad de oportunidades educativas.



Docentes

Las escuelas con bajo rendimiento y bajo nivel socioeconómico y cultural suelen tener débiles capacidades para promover el aprendizaje. En estas escuelas es frecuente observar que los docentes tienen una formación insuficiente, con poca especialización para atender estudiantes en contextos vulnerables y un limitado repertorio de prácticas de enseñanza para atender las necesidades educativas individuales de los estudiantes.


Por ello, se pueden impulsar políticas educativas encaminadas a mejorar la capacidad de los docentes para promover el aprendizaje, tales como las que se indican a continuación.


Formación inicial docente

Los análisis realizados muestran que la mayor parte de los docentes de la región cuentan con la formación que exigen sus sistemas educativos. Se trata de un nivel educativo similar a haber finalizado la educación superior o universidad en gran parte de los países participantes en el estudio. A pesar de contar con la formación exigida, el aprendizaje de los estudiantes es bajo. De aquí se desprende que los procesos de formación docente no están preparando adecuadamente a los profesores para llevar a sus estudiantes a altos niveles de rendimiento académico. Por lo tanto, se puede concluir que se debe repensar la preparación inicial docente para que se fije como objetivo formar profesores capaces de promover el aprendizaje entre todos sus estudiantes. Dicha formación debe ofrecer a los futuros profesores herramientas para solventar en la práctica los desafíos pedagógicos que implica atender a poblaciones desfavorecidas. Al igual que en el caso de los directores, es indispensable que los docentes tengan como propósito y responsabilidad central el aprendizaje de los estudiantes.


La formación inicial docente debería especializar a los futuros profesores en la enseñanza y el aprendizaje de estudiantes de bajo nivel socioeconómico y cultural. Para ello, se requiere que la formación inicial dé cuenta de la distancia sociocultural entre los niños de estratos desfavorecidos y la escuela.


En segundo lugar, la preparación de los docentes debe abundar en estrategias concretas para diseñar e implementar actividades pedagógicas apropiadas para salones de clase donde la mayoría de los estudiantes son pobres. En tercer lugar, es necesario que los docentes desarrollen habilidades para construir un clima escolar favorable en situaciones de marginación a menudo marcadas por la violencia.


Inserción de docentes destacados en escuelas de contexto desfavorable

Es indispensable adoptar medidas para insertar y retener a los docentes destacados en escuelas de contextos desfavorables. La inserción de varios docentes de excelencia en este tipo de escuelas puede llevar a la transformación de la organización escolar para asegurar su operación en condiciones de normalidad en el clima escolar y la regular operación y, a partir de esto, tomar acciones para mejorar el aprendizaje de los estudiantes.


Mejorar las capacidades docentes en la práctica

Fortalecer las capacidades docentes para mejorar las prácticas de enseñanza. Se ha mostrado que los cursos presenciales y generales son insuficientes para fortalecer las capacidades de los profesores, pues utilizan sesiones frontales que no moldean el repertorio de prácticas que se espera de los docentes, y no toman como punto de partida el diagnóstico específico de las necesidades de formación de cada docente en función de los desafíos de enseñanza que enfrenta en el aula. Por ello, una formación que combine acompañamiento en la escuela para el mejoramiento de las prácticas en el aula con el fortalecimiento de saberes disciplinarios y su didáctica son esenciales.


Desempeño de los docentes


Los estudiantes pasan la mayor parte de la jornada escolar en el aula interactuando con los docentes. Un clima escolar positivo, por lo tanto, se construye desde la sala de clases con docentes respetuosos y cuyo desempeño sea de gran impacto en el aprendizaje de los estudiantes. Esto implica desde situaciones tan sencillas como llegar a tiempo a clase, asistir todos los días, aprovechar al máximo el tiempo de clase, enfocar todas las actividades en objetivos de aprendizaje, escuchar y atender las dudas de los estudiantes y motivar a los estudiantes para aprender.


Escuelas


El funcionamiento de las escuelas es susceptible de mejora, utilizando distintas medidas que ayuden a fortalecer a las instituciones educativas, reforzando sus capacidades para adaptarse a las necesidades de aprendizaje de los estudiantes que atiende. Enseguida se esbozan algunas recomendaciones para mejorar las escuelas.



Organización escolar

Al pensar en una escuela el imaginario colectivo se la representa como una institución con un director, equipo directivo, profesores y personal de apoyo. En ocasiones, esta representación también se da en las discusiones de política. Sin embargo, 40% de las escuelas de América Latina y el Caribe se ubican en el sector rural. Un gran número de ellas son escuelas multigrado (donde un docente enseña a niños de varios grados a la vez), otras cuentan con un solo docente que hace las veces de director, y otras no ofrecen la educación primaria completa. Estas realidades marcan una diferencia importante en cuanto a la forma de acometer el mejoramiento de los aprendizajes. Por ello, es necesario que la política afine sus instrumentos de intervención en función de la organización escolar específica, para así ofrecer instrumentos que sean adecuados para encarar los desafíos que enfrentan las distintas escuelas.


En función de lo anterior, se puede deducir que las escuelas tienen distintos grados de solidez institucional, y ésta cambia en el tiempo. Sin embargo, esta solidez depende de características contextuales.



Por ejemplo, existen escuelas de transición, donde van los docentes por un período corto antes de conseguir un traslado. Se trata de establecimientos que atienden a poblaciones vulnerables, poco apetecidos por los profesores y considerados como rituales de paso antes de poder llegar a otro establecimiento, también, existen escuelas ubicadas en sectores geográficamente aislados, donde los docentes no necesariamente están arraigados a la comunidad y viajan desde la ciudad al lugar donde se ubica la escuela para dar clase. Es común que en estos contextos los traslados del docente impliquen que se ausente de clases algunos días en la semana. Situaciones como las citadas merman la capacidad de las instituciones para generar vínculos con la comunidad, de construir proyectos educativos de mediano plazo y de responder eficazmente a las necesidades educativas de los estudiantes. Por ello, las políticas educativas orientadas a las escuelas de rendimiento y nivel socioeconómico más bajo deberían fortalecer este aspecto de las escuelas, para consolidar las bases desde donde se puedan construir las capacidades para fomentar el aprendizaje.


Infraestructura y recursos materiales

Los recursos escolares están desigualmente distribuidos entre las escuelas. Las escuelas que atienden a los niños más pobres, que suelen tener también menores logros, son las que cuentan con menor dotación de recursos escolares. Es indispensable transformar la política de distribución para dotar de mayores recursos a quienes más lo necesitan. Los estudiantes de contextos socioculturales desfavorecidos requieren de apoyos adicionales y más intensivos desde las escuelas y la política social para compensar las desventajas sociales. Son estos niños quienes necesitan más libros, más acceso a la tecnología y más apoyo por parte de sus profesores. Para ellos, como se ha afirmado, la educación suele representar una oportunidad inédita de superación social en la historia de sus familias.


Sin embargo, esta oportunidad puede ser más factible de concretarse si las escuelas cuentan con recursos materiales de calidad. Aunque como se ha dicho también, no basta con poseer los recursos, sino que deben usarse adecuadamente a través de procesos educativos significativos para los estudiantes.



Procesos escolares

Dada la importancia de los procesos escolares se requiere desarrollar medidas para potenciar este ámbito en las escuelas. En primer lugar, la generación de un buen clima escolar implica una organización apropiada de los centros educativos, la conformación de una comunidad escolar vinculante y respetuosa, que se construye a partir del trabajo consistente y coherente entre directivos y docentes.


Así, es indispensable llevar a cabo procesos genuinos de planificación en las escuelas, donde docentes y directivos puedan crear visiones compartidas y objetivos comunes que tengan como centro el respeto a la diversidad y al derecho a la educación de los estudiantes. Además, un clima favorable exige de los profesionales de la escuela una serie de habilidades para la mediación de conflictos, ámbito que no necesariamente se incluye como parte de la formación docente inicial o en servicio.


Es esencial que la gestión del director se enfoque en mejorar los aprendizajes. En la región, es común que las responsabilidades laborales de los directores de escuela excluyan el mejoramiento del aprendizaje. Por este motivo, es necesario dar un vuelco a la concepción que se tienen en los sistemas educativos del rol de director como una persona que se hace cargo de aspectos administrativos y demandas de las autoridades educativas. Los directores debieran tener como su principal responsabilidad en la descripción de funciones de su puesto mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Para ello, es indispensable que se conviertan en líderes pedagógicos que cultiven en las escuelas la tarea de hacer que todos los estudiantes alcancen un alto rendimiento académico. Los directores deben capacitarse para llevar a cabo este complejo trabajo de conducir grupos humanos de distinta índole (docentes, alumnos, padres de familia y autoridades) en pos del objetivo común del aprendizaje. A su vez, esto implica un cambio de reglas de parte de la administración de los sistemas educativos, que constantemente bombardean con requerimientos y exigencias burocráticas a las escuelas y sus directivos y los distraen de su objetivo de mejorar los aprendizajes.



Fuente

Factores asociados al logro cognitivo de los estudiantes de América Latina y el Caribe

LLECE- UNESCO

Documento completo en

http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001867/186769S.pdf



 

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