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viernes, 29 de noviembre de 2019

ENTREVISTA A JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ: «SEGÚN PISA LO ÚNICO QUE HACEN MEJOR LAS ESCUELAS CONCERTADAS Y PRIVADAS EN ESPAÑA ES SELECCIONAR SOCIALMENTE A SU ALUMNADO»


La desigualdad de resultados académicos, la segregación escolar por nivel socioeconómico y cultural o la relación del trabajo y el AET son algunos de los asuntos de los que hablamos con José Saturnino Martínez, profesor de la Universidad de La Laguna.
Todo el mundo quiere equidad educativa, el debate es qué entendemos por ello. José Saturnino Martínez ha dedicado gran parte de su vida a analizar las desigualdades que se resisten a desaparecer de la escuela y a desmitificar, con datos, los prejuicios que hemos asumido en torno al funcionamiento del sistema público de enseñanza. Este profesor de Sociología experto en educación, que imparte clases en la Universidad de La Laguna (ULL) y fue asesor en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, insiste en la necesidad de poner el foco en el origen del alumnado para combatir las diferencias “injustas” y evitar la segregación desde la escuela, de manera que el ascensor social funcione para quienes están en los pisos inferiores.

Estamos saliendo de una dura crisis y ya nos anuncian otra. ¿Qué efectos han tenido los recortes en el sistema educativo, tanto desde el punto de vista del fracaso o éxito del alumnado por clase social como del papel de las familias a la hora de compensar el logro educativo de sus hijos?
La ratio de estudiantes por aula ha aumentado y los profesores tienen más horas de clase, es decir, se ha tensado la capacidad del sistema. Sin embargo, desde el punto de vista del fracaso escolar administrativo (no acabar la ESO) los resultados han mejorado, así como ha disminuido la repetición de curso, y las competencias, tal como las evalúa PISA no se han visto afectadas. Desde el punto de vista de la desigualdad, ha aumentado la distancia entre el nivel de fracaso escolar y de repetición de curso del alumnado de familias de bajo nivel cultural con respecto a las de alto nivel. Pero desde el punto de vista de las competencias, ha mejorado el alumnado resiliente (de bajo origen social que obtiene buenos niveles de competencia). Por otro lado, la inversión de las familias en los estudios de sus hijos ha crecido, mientras reducían otras partidas de gasto familiar. Como vemos, son unos resultados complejos, que llevan a revisar lo que dábamos por supuesto de la crisis. La bajada generalizada del fracaso escolar se explica posiblemente por el aumento del paro, que ha llevado a que los adolescentes sean más conscientes de la importancia de la educación y a que tengan menos posibilidades de encontrar empleo si no acaban la ESO. Con respecto a la estabilidad en las competencias y la mejora de indicadores de equidad, no tenemos una explicación clara, más allá de entender que lo que sucede en la escuela no impacta tanto en ellas, como señala Julio Carabaña. En cuanto a la repetición, no he visto una explicación clara para entender por qué disminuye al tiempo que aumenta su desigualdad social (a similares niveles de competencia, repiten más los adolescentes de bajo origen cultural).
En relación a ello, ¿podríamos decir que la compensación del logro educativo ha venido más por parte de las familias ricas mientras que las más pobres se han resignado más?
Esto no es un fenómeno que se dé especialmente durante la crisis, es una cuestión estructural. Desde los años sesenta en Sociología de la Educación ha quedado más o menos establecido que las familias de clase media y alta tienen estrategias por fuera de la escuela para compensar los malos resultados educativos de sus hijos.
El abandono educativo temprano descendió notablemente en España durante la crisis: ya no había alicientes para abandonar la enseñanza porque el mercado -construcción, servicios…- dejó de absorber a los jóvenes. ¿Hay riesgo de que volvamos al punto de partida? ¿Hasta qué punto este indicador es adecuado para medir esta realidad en España?
Efectivamente, el riesgo está, pues no ha habido cambios estructurales en el sistema educativo. Hay dos factores a tener en cuenta, por un lado, el nivel educativo de las familias está aumentando rápidamente, debido a que el alumnado actual desciende de quienes se escolarizaron bajo la expansión educativa de los años setenta y ochenta. Esto lleva a una disminución del abandono, pues hay menos familias de bajo nivel educativo. Por otro lado, lo importante no es tanto el nivel de paro, sino el diferencial del nivel de paro entre quienes tienen estudios y quienes no, y este diferencial ha aumentado después de la crisis. En la medida que baje, podría haber un repunte del abandono.
El abandono educativo es un indicador (de la Unión Europea) nefasto que dificulta en vez de ayudarnos a entender lo que pasa, al menos, en nuestro país. Está en abandono una persona (entre 18 y 24 años de edad) que acabó la ESO y no sigue estudiando, pero no está en abandono una persona que no acabó la ESO y hace un cursillo de unas semanas de socorrista o que cursa 3º de la ESO. Mezcla dos procesos sociales muy heterogéneos: no acabar la ESO con no seguir estudiando tras terminar con éxito la ESO. Además, mucha gente da por supuesto que la tasa de abandono es sinónimo de no acabar la ESO, cuando eso no es cierto.
Es coautor del informe La desigualdad de oportunidades educativas: tendencias del fracaso escolar en España (1977-2012), vinculado con su tesis. ¿Qué cambios ha detectado durante las épocas incluidas en ese período y a qué se deben?
Para las personas nacidas hasta finales de los setenta hay tanto una mejora del nivel educativo como una disminución de la desigualdad de oportunidades educativas por origen social, al tiempo que las mujeres empiezan a superar el nivel educativo de los varones ya en la escuela franquista y patriarcal. Pero para las personas nacidas en los ochenta aumenta la desigualdad de oportunidades educativas y se estabilizan los niveles de estudio, con una disminución en FP. Esto pensamos que se debe al efecto no querido de la LOGSE. Al aumentar los requisitos para cursar educación post-secundaria obligatoria, aumentando dos cursos el tronco común y poniendo el requisito de titular en la ESO para entrar en FP, llevó a que las personas de orígenes populares más bajos dejasen de estudiar FP y engrosasen las tasas del fracaso escolar administrativo. Además, no solo se subió el requerimiento académico para estudiar FP de Grado Medio, sino que se convirtió en un callejón casi sin salida, pues para seguir estudiando había que aprobar un examen con contenidos de Bachillerato. Sin embargo, a los estudiantes de Bachillerato no se les exigía un examen con contenidos de FP media para acceder a la FP superior. Esto muestra un sesgo academicista en el diseño educativo que acabaron pagando los hijos de las clases populares.
¿Puede explicarnos cuál es la relación que existe entre los índices de analfabetismo de finales del siglo XIX y el nivel formativo actual? ¿La inercia en educación ha sido “inmune” a las reformas educativas?
Creo que el símil con una carrera ciclista ayuda a entender lo que ha pasado. El pelotón avanza más rápido, pero se mantiene el orden. Para romper la inercia estamos exigiendo que las comunidades que parten de mayores niveles de analfabetismo en el siglo XIX tendrían que haber “corrido más rápido” que las de menor analfabetismo. Es decir, no solo les estamos pidiendo que mejoren en educación, sino que lo hagan con más intensidad que las comunidades más aventajadas. No hay que caer en el derrotismo, pues todas han mejorado considerablemente, pero habría que pensar cómo las que venían de más atrás podrían adelantar a las más aventajadas.
¿Cuál es la característica que, según la academia, mejor predice el logro educativo y qué podemos hacer para compensar?
En Sociología de la Educación llevamos más de medio siglo avisando de que el mejor predictor del nivel educativo de los estudiantes es el nivel socioeconómico y cultural de la familia. Son muchas las políticas que se han intentado contra esto. En España la LOGSE misma, aunque con efectos perversos no queridos, como ya he señalado. Hay políticas que pueden mitigar este problema pero, en tanto que haya desigualdad social, las escuelas van a ser un reflejo de esa desigualdad. Pueden mitigarla, acentuarla o neutralizarla. Por ejemplo, a los estudiantes de orígenes de menor capital cultural les puede venir mejor la educación infantil y didácticas más estructuradas, pues no cuentas con sus familias para que les guíen en proyectos educativos muy abiertos.
A lo largo de la historia, ¿los momentos en los que se ha incrementado la inversión en educación han venido acompañados de los resultados esperados? ¿Debemos aspirar al 5% de inversión en educación en función del PIB o cree que debe haber otro indicador?
A mí el indicador del 5% me parece problemático. Por ejemplo, en la última crisis el PIB per cápita disminuyó en torno a un 10%. Eso quiere decir que estamos de acuerdo con que cada vez que baje el PIB, baje la inversión pública en educación… Yo prefiero un modelo más parecido al sistema de pensiones. Además, si aumenta muy rápido el número de estudiantes, como pasó con el baby boom y luego se reduce muy rápido, como pasó en los ochenta, estamos estableciendo desigualdad intergeneracional, pues ese 5% es menos por estudiante para una generación que para otra. Hacer una estimación de cuánto dinero es necesario para dar una educación de calidad y establecer las condiciones económicas para que no varíe con el ciclo económico, pero sí con el número de estudiantes, similar a como ha hecho con el sistema de pensiones, que ha aguantado bastante bien la crisis. Esto podría ser el 4% o el 6% del PIB, dependiendo de lo que estemos dispuestos a invertir por estudiante. Eso sí, desde el punto de vista de la planificación educativa es mucho más sencillo fijar un indicador como el 5% del PIB.
Madrid es la comunidad autónoma cuyas aulas están más segregadas por nivel socioeconómico y se encuentra al nivel de Hungría y Rumanía, los dos países europeos con más desigualdad. Un informe reciente, en este caso de Valencia, advierte de que el distrito único no ha logrado mitigar la segregación escolar en la ciudad. ¿Qué acciones en materia de política educativa y social recomienda para transformar esta realidad?
Hay que separar dos procesos: la segregación social y la segregación de resultados. En España hay alta segregación por origen social, pero baja por competencias. Eso posiblemente quiere decir que la calidad educativa de unas escuelas y otras no es tan diferente. Es muy complicado luchar contra la segregación social, debido a que es un resultado de dar autonomía a las familias. En EEUU para acabar con la segregación racial se pusieron autobuses para intercambiar a los estudiantes por su color de piel, y tener menos segregación. Lo que se consiguió fue que las familias se fuesen a vivir tan lejos unas de otras que el autobús no era una opción. Creo que lo mejor que se puede hacer es dar una alta calidad educativa en los centros, de manera que estar en uno u otro no marque la diferencia de resultados educativos. Esto lleva a que haya que invertir más recursos en los centros con más complejidad social, y a una relación fluida entre servicios sociales y sistema educativo.
La palabra diversidad parece haberse estigmatizado cuando hablamos de la escuela. Muchos padres con recursos temen que el rendimiento de sus hijos sea peor en centros donde puede haber más alumnado con menor rendimiento. ¿Con qué datos podemos combatir este estigma?
Los datos de PISA son contundentes, en el sentido de que lo único que hacen mejor las escuelas concertadas y privadas en España es seleccionar socialmente a su alumnado, pero no consiguen que obtengan mejores resultados que el alumnado de la pública. El problema es que la elección de escuela genera mucha ansiedad, y eso no se vence con datos fríos. Cualquier pista de que una escuela puede ser mejor que otra no resiste la frialdad de los datos agregados del sistema educativo. Por eso insisto en que la única forma de luchar contra esto es asegurando la calidad de los diversos centros.
¿Qué papel juega la escuela concertada a la hora de erradicar o perpetuar la desigualdad de oportunidades educativas?
Creo que mucho menos de lo que se cree. Por ejemplo, en Francia o Reino Unido la presencia de la escuela pública es mucho mayor que España y, sin embargo, hay más segregación. Esto se debe a que cuando la escuela es pública, los mecanismos de segregación pasan a ser otros como, por ejemplo, el precio de la vivienda es más cara cerca de las escuelas que están consideradas como buenas. Dicho de otra forma, lo que te ahorras en un concertado lo vas a pagar en hipoteca o alquiler. Digamos que las familias de clase media y alta son más astutas que el sistema educativo a la hora de jugar a la diferenciación social, dadas las características de cada sistema educativo.
El profesorado lleva tiempo quejándose del exceso de burocracia y de la complejidad de tareas que deben desempeñar y para las que no están formados. Eso empeora sus condiciones de trabajo, desincentiva su participación en proyectos o redes educativas y resta tiempo de atención al alumnado. ¿Cree que esta tendencia puede tener una incidencia significativa en la merma de la calidad de la enseñanza?
No he visto estudios sobre esta cuestión, pero mis propios padecimientos como profesor me llevan a estar totalmente de acuerdo. Hay una mentalidad burocrática de desconfianza hacia los trabajadores, y creer en el pensamiento mágico de que si todo se documenta, mejora, cuando lo único que mejora es la forma en que se trampea para escapar a tanto papeleo desconfiado.
¿Necesitamos incorporar nuevos perfiles en los centros educativos? Educadores y trabajadores sociales, por ejemplo, para que esa labor, muchas veces de conexión con los ayuntamientos para controlar el absentismo y otros asuntos sociales, sea gestionada por estos profesionales.
Sí, totalmente de acuerdo, creo que esta es una de las grandes posibilidades de mejora del sistema. Es más, creo que los educadores sociales tendrían que tener un papel más activo a la hora de tratar con grupos complejos. Por ejemplo, creo que parte del alumnado que se deriva a FP Básica estaría mucho mejor en manos de educadores sociales.
El PSOE prometió en campaña (pero luego omitió de su programa) subvencionar las matrículas universitarias de las chicas que estudiaran carreras “STEM”. ¿Cómo valora la medida?
Pues que la mitad del trabajo ya está hecho. En Ciencias y Matemáticas desde hace tiempo la matrícula está más o menos igualada. Las diferencias permanecen en las ingenierías. Si tenemos en cuenta que para el alumnado becado las carreras son gratuitas, y no por eso van más mujeres becadas (creo), no me parece que la medida vaya a tener mucho éxito, aunque sea bienintencionada. El coste de la matrícula posiblemente sea una parte pequeña de una decisión tan importante como elegir profesión. Además, para que la medida fuese equitativa tendríamos que actuar también sobre las carreras muy feminizadas, para que entrasen más hombres, si no, no va a ser posible la igualación.


Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/11/25/lo-unico-que-hacen-mejor-las-escuelas-concertadas-y-privadas-en-espana-es-seleccionar-socialmente-a-su-alumnado/
Autora: Saray Encinoso/El diario la educación


domingo, 15 de enero de 2012

Relación entre puntajes en PISA lectura y el nivel de inversión por estudiante

A continuación publico un gráfico que muestra la vinculación entre ambas variables, se trata de una nube de puntos, que muestra una tendencia, representada por una recta, y marca un aumento en el rendimiento, consecuente con el aumento del gasto educativo.
Opino que debemos ser cuidadosos a la hora de sacar conclusiones, a este gráfico le falta el “coeficiente de correlación”, que indica el “grado de representatividad” de la recta de ajuste. Otra objeción es la de referirse a la Educación como una “inversión”, consecuente con la terminología usada por el Banco Mundial, cuando considero que es un “gasto”, destinado a cubrir un derecho humano.

Por último la “inversión por alumno” se halla distorsionada por los precios internos, la cotización de la moneda afecta significativamente la comparación.

En síntesis, creo que el valor tiene el gráfico es que muestra una relación entre el gasto por alumno y su rendimiento en lectura detectando una clara relación positiva entre ambas variables.


domingo, 29 de agosto de 2010

PISA 2006 Iberoamérica Organización y funcionamiento de las escuelas

Introducción. Información disponible en pisa sobre la Organización y el funcionamiento de las escuelas
Según señala el informe internacional correspondiente a la aplicación de 2006, los estudios PISA han examinado un conjunto de características de los centros escolares siguiendo tres líneas de investigación. La primera se centra en las características de la organización y la gestión de los centros (autonomía, liderazgo, prácticas de evaluación, implicación de los padres, entre otras). La segunda agrupa los estudios sobre los recursos humanos y materiales educativos (proporción entre alumnos y profesores, calidad de las infraestructuras físicas del colegio, recursos educativos, etc.). Y por último, la tercera línea se centra en los procesos educativos en el aula (oportunidades de aprendizaje de los alumnos, tiempo que emplean en las tareas, control del rendimiento en clase, etc.). En el presente capítulo se analiza la información que aporta PISA sobre algunos de los aspectos de las escuelas y las aulas en las que los alumnos evaluados desarrollan las competencias básicas, como los relativos a la organización de las escuelas, los criterios de admisión de los alumnos, el grado de autonomía y

Organización y funcionamiento de las escuelas



corresponsabilidad de equipos directivos y comunidades educativas, y los recursos de los centros. A esta información se añade la que ofrecen los alumnos sobre sus actitudes ante las ciencias y la de los padres sobre su percepción del funcionamiento de las escuelas. El análisis de los resultados que se ha realizado en el capítulo anterior, en el que se han considerado los factores asociados a los mismos, pone de manifiesto la importancia que para unos buenos resultados educativos tienen la organización y el funcionamiento de las escuelas, el trabajo de los equipos docentes y de cada uno de los profesores y lo que ocurre día a día en el aula. Sin embargo, conocer estos aspectos del funcionamiento de las escuelas y de las aulas es tan importante como complejo, especialmente si se abordan estas cuestiones solo desde la evaluación externa y con los instrumentos que PISA utiliza, es decir, cuestionarios auto-respondidos. Como se ha señalado, PISA ofrece información sobre estas cuestiones en el capítulo 5 del informe internacional. Lo que allí se expone se basa fundamentalmente en cuestionarios respondidos por directores y alumnos, y en menor medida en cuestionarios dirigidos a los padres. Por esta razón, no se ha querido limitar este informe al análisis sobre estos factores que se hace en el capítulo anterior. Se trata de complementar aquí dicho análisis, debido a su relevancia. No obstante, es necesario subrayar que la información que se ofrece en este capítulo debe tomarse con cautela. En primer lugar, porque no son muchos los directores consultados por cada país (excepto en algunos casos). En segundo lugar, en aquellos sistemas educativos en los que la enseñanza se imparte en diversas instituciones educativas a lo largo de la vida escolar, el entorno actual de aprendizaje y los datos contextuales recogidos en PISA de los alumnos de 15 años solo pueden explicar parcialmente los resultados de los alumnos, ya que no considera directores, profesores y compañeros de años anteriores. Por último, el estudio de los recursos de un centro requiere una precisión que es posible que las encuestas no logren recoger, ya que los directores pueden no disponer del tiempo o los medios para recoger tales datos. Asimismo, sería importante poder asociar recursos a determinados estudiantes más que asociarlos a todo un centro. Hay que insistir, por tanto, en la prudencia al considerar estos datos presentados por el informe internacional y aquí recogidos, sin perder de vista la importancia de los aspectos a los que se refieren. Por otra parte, se ha señalado que es complejo medir los procesos educativos en los centros y en las aulas mediante pruebas estandarizadas externas. Pero no menos complejo es recurrir a evaluaciones, opiniones y percepciones de los propios centros y profesores que, por su carácter eminentemente ligado a cada contexto, no son comparables internacionalmente, y ni siquiera entre escuelas o etapas educativas y equipos de profesores de un mismo país. Por tanto, debemos tener presente que se trata de información complementaria importante que puede iluminar los resultados, aunque se tomen las precauciones del caso. Esta es la razón que justifica este capítulo en el Informe del GIP.

La cautela señalada exige matizar cualquier relación entre los resultados de los cuestionarios y los de las pruebas de los alumnos. Por esta razón, en este capítulo se renuncia a relacionar directamente la organización y el entorno de las escuelas con el nivel de rendimiento de los alumnos. Se abordan aspectos relativos a la política de admisión de alumnos por parte de las escuelas, la autonomía de que disponen los directores y órganos de dirección de las escuelas y los recursos que se ponen a su disposición, así como percepciones de alumnos y padres. No se relacionaron procesos de aula con aspectos del informe por la debilidad de la información. No obstante, este asunto es de la mayor importancia y el GIP quiere dejar constancia de lo valioso que sería para PISA plantearse instrumentos más adecuados para mejorar la información que sobre los procesos educativos se puede obtener en el contexto de una evaluación externa.

Políticas de admisión de los alumnos en las escuelas
Para conocer el grado de selección de los alumnos que realizan las escuelas se preguntó a los directores sobre las políticas de admisión que aplicaban en el centro. Entre otros criterios, se recogen a continuación el grado en que se toman en consideración para la admisión de alumnos el área de residencia, las calificaciones de los alumnos, el deseo o necesidad de un programa especial y la existencia de familiares matriculados en el centro. Entre estos criterios destaca claramente la admisión en función del área de residencia de los estudiantes, por ser el más frecuente en los países de la OCDE (47 % de los alumnos), seguido de las calificaciones de los alumnos (27 %) y del deseo de realizar un programa especial (19 %) (Gráficos 5.1 y 5.2)1. Gráfico 5.1 Políticas de admisión en los centros escolares Porcentaje de alumnos matriculados: En función de residir en un área particular

El deseo o la necesidad de un alumno de cursar un programa específico es el siguiente criterio más utilizado en la OCDE (19 %). Portugal es el país del grupo donde más alumnos hay matriculados en función de este criterio (41 %). Por encima del promedio de la OCDE también se sitúan Colombia y Argentina (20 % de los alumnos en los dos países), mientras que en el resto de países del GIP este criterio de admisión es menos frecuente (en torno al 10 %). Finalmente, España es el país donde el criterio de existencia de familiares matriculados en el mismo centro es el más utilizado en la admisión de alumnos. Portugal y Argentina también aplican este criterio de admisión con más frecuencia que los países de la OCDE. Por debajo de esta media se sitúan el resto de países iberoamericanos, siendo Colombia (5 %), Brasil (6 %) y Uruguay (7 %) los que menos habitualmente aplican esta política (Gráfico 5.2). Puede concluirse que, en general, la selección de alumnos por parte de las escuelas por motivos distintos que los de residir en el área de residencia no es determinante en los países de la OCDE, si se descuentan aquellos con un elevado porcentaje de centros privados o los países asiáticos. Solo Chile y México entre los países del GIP dan un peso relativo a las calificaciones anteriores de los alumnos y prácticamente solo en España es un factor determinante el tener hermanos en el centro.

Percepción de los directores sobre la autonomía de sus escuelas y asunción de responsabilidades por parte de la dirección y del conjunto de la comunidad educativa
Este es uno de los factores mejor analizados por PISA. Hay que destacar también que en este asunto la información de los directores es seguramente la mejor fuente posible y, desde luego, es cualificada. Para medir el grado en el que la comunidad educativa de una escuela participa en la toma de decisiones relativas a la gestión del centro, PISA pregunta a los directores de los colegios el grado de responsabilidad y de influencia de las partes interesadas (el propio director, la junta de gobierno del colegio, grupos de directores, asociaciones de padres y de estudiantes…) en la toma de decisiones. A continuación, se analiza la autonomía de la que disponen los propios directores de los centros en la toma de decisiones relacionadas con el profesorado, el alumnado, las enseñanzas y el presupuesto. Con respecto a la autonomía de la que disponen los directores en relación con el profesorado (tanto en relación con su contratación como con la posibilidad de una mejora salarial), se observa que los directores de los países del GIP, excepto Chile, tienen menos autonomía que el resto de países de la OCDE (Gráfico 5.3). Y, cuando esta autonomía existe, se concentra, al menos en algunos de los países GIP como España y Chile, en los centros privados. Gráfico 5.3 Autonomía de los centros escolares Porcentaje de alumnos en centros cuyo director informó que tiene autonomía a la hora de: Contratar al profesorado


Respecto a la contratación de los profesores de sus escuelas y en los salarios que perciben, las situaciones de los países del GIP son diversas y la de los países utilizados en la comparación también. No parece poder establecerse de modo concluyente ninguna relación entre esta capacidad de decisión de los directores y los promedios de los países en las pruebas PISA, pues hay resultados en los extremos en todos los casos considerados. Si se compara la autonomía del director en las decisiones relativas al profesorado y en aquellas relativas al alumnado, se observa una mayor flexibilidad de los directores de la OCDE en lo que respecta a los alumnos (admisión, disciplina y evaluación) que en aquellas relativas al profesorado (Gráficos 5.3 y 5.4). Este es el patrón al que responden también los países del GIP. La autonomía de los directivos con los alumnos y sus circunstancias es considerablemente mayor. Entre el 63 % y el 82 % de los alumnos que han participado en PISA 2006 se encuentra en centros en la que la dirección toma decisiones relativas a las cuestiones de admisión, disciplina o evaluación de los estudiantes. Con relación a la admisión de alumnos, los directores de los centros de Brasil, Argentina, Colombia y Chile poseen más autonomía que la media de los países de la OCDE (76 %,79 %, 80 % y 91 %, respectivamente, frente al 74 % de la OCDE), mientras que los de Uruguay y México se sitúan por debajo de esta media (41 % y 67 %, respectivamente). Autonomía para la admisión de los alumnos equivale a autoridad para seleccionar estudiantes para su matrícula. De hecho, países como Chile, Argentina y México están entre los países que menos matriculan según el lugar de residencia y que más seleccionan según el desempeño académico. El 82 % de los alumnos de la OCDE asisten a colegios donde los directores disponen de autonomía en la disciplina de los alumnos. En el GIP, Chile, México y Colombia superan este porcentaje con un 85 %, 89 % y 96 %, respectivamente. En el caso del establecimiento de normas de evaluación, Chile es el único país que presenta un porcentaje superior al resto de países de la OCDE (63 %). Aunque por debajo de esta media Brasil, México y Colombia presentan porcentajes próximos (56 %, 58 % y 61 %, respectivamente), mientras que Uruguay y Argentina se alejan significativamente de ella (20 % y 42 %, respectivamente). Dentro de los países del GIP, Uruguay, España y Portugal presentan los porcentajes más moderados de autonomía en todos los asuntos relacionados con la admisión, la disciplina y la evaluación de los alumnos, y Chile y Colombia los más elevados. Tampoco en este caso, considerando los países del GIP o de la muestra, puede concluirse una relación evidente entre autonomía de los directores y resultados de los países. En el Gráfico 5.5 se recogen los porcentajes sobre la autonomía de los directores en relación con las enseñanzas ofrecidas y la elaboración del presupuesto. Solo los directores de Chile y Colombia ostentan una autonomía mayor en la decisión sobre las enseñanzas ofrecidas que el resto de directores de la OCDE (74 % y 77 %, respectivamente, frente a un promedio de 53 %). Argentina presenta un porcentaje cercano a la media (52 %), mientras que México, Uruguay y Brasil se alejan considerablemente de la media de la OCDE (16 %, 18 % y 29 %). El promedio de alumnos de la OCDE escolarizados en centros cuyos directores dicen tener autonomía con relación a la elaboración del presupuesto se sitúa en el 57 %, siendo Colombia el país iberoamericano con más autonomía en este campo (88 %). México y Chile también declaran mayor autonomía que la media de los países de la OCDE (58 % y 62 %, respectivamente). De forma general se concluye que Chile es el único país del GIP en el que los directores disponen en todos los casos (con relación a los profesores, a los alumnos, a las decisiones sobre las enseñanzas ofrecidas y a la elaboración del presupuesto) de una mayor autonomía que el promedio de países de la OCDE, mientras que Uruguay se halla sistemáticamente por debajo de este promedio. Debe extremarse la prudencia al considerar el efecto de la autonomía de los directores sobre las enseñanzas y los resultados de los alumnos (véanse, por ejemplo, los resultados de Finlandia en todos los gráficos). Como se ha destacado anteriormente, la relación entre los diferentes aspectos de la autonomía de los centros en un país y el rendimiento de los estudiantes puede no ser muy elevada. Sin embargo, cuando PISA estudia esta relación a través de un análisis multinivel y con todos los países de la muestra, concluye que, en general, el rendimiento medio suele ser más elevado en aquellos países en que los directores informan de un grado más alto de autonomía en la mayoría de los aspectos de la toma de decisiones mencionados anteriormente. A continuación se describe la influencia que ejercen las juntas de gobierno de las escuelas en las decisiones relativas a las políticas de personal, a la elaboración y asignación de presupuestos y al contenido educativo, siempre según las respuestas de los directores. En el conjunto de países de la OCDE, la junta directiva de los centros participa sobre todo en la elaboración de presupuestos (62 %), y en menor medida en las políticas de personal (34 %) y en la decisión sobre contenidos educativos (22 %) (Gráfico 5.6). La influencia directa de las juntas directivas en las políticas de personal (contrataciones y despidos) es muy desigual entre los países del GIP. En Colombia, un porcentaje muy bajo (6 %) de estudiantes de 15 años asiste a centros privados cuyo director declara que la junta directiva ejerce una influencia directa en las políticas de personal. En España y Uruguay el porcentaje se sitúa alrededor del 20 %. En Brasil, Portugal, Argentina y México el porcentaje es superior al de la media de la OCDE, en torno al 40 %. Y, por último, en Chile la junta directiva ejerce claramente una influencia directa en este aspecto (75 %). En Chile, Portugal, Colombia y España más del 70 % de los estudiantes asiste a centros cuyos directores perciben una fuerte influencia de la junta en la elaboración y asignación de presupuestos, mientras que en Uruguay este porcentaje está muy por debajo de la media del GIP (18 %).

Nuevamente hay que tener en cuenta la gran diferencia que existe en muchos sistemas educativos entre centros públicos y privados en estos aspectos. En la mayoría de los países del GIP (salvo en Portugal, Uruguay y España) la influencia de la junta directiva del centro en el contenido educativo es más importante que en los países de la OCDE (22 %). Además, en Chile, Colombia y Brasil más del 50 % de los estudiantes asiste a centros en los que existe una influencia directa de la junta de gobierno en la definición de los contenidos educativos que se imparten en el centro.

viernes, 15 de mayo de 2009

“Top of the class” anatomía del cerebrito según la OCDE

La OCDE rastrea en el Informe PISA 2006 a los alumnos top en el área de ciencias

Reproduzco la nota aparecida en el periódico digital español “Magisnet”, que trata sobre un estudio sobre los alumnos destacados en las evaluaciones PISA

El club de los países más desarrollados quiso saber de dónde proceden, qué tipo de Educación reciben y dónde, cómo piensan, a qué aspiran en la vida los alumnos excelentes. El resultado, un extenso documento que disecciona el perfil de los chavales que (confía la OCDE) contribuirán decisivamente al progreso de la ciencia cuando alcancen la edad adulta.

Son la élite de los vectores y las probetas en las escuelas del mundo rico. Chicos y chicas de apenas 15 años que no sólo comprenden a la perfección los principales fundamentos del conocimiento científico, sino que se muestran capaces de buscar alternativas, extrapolar lo aprendido a situaciones antes desconocidas, encontrar una salida a laberintos nunca planteados en sus aulas.La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha rastreado el PISA de 2006 a la busca de ese 9% de evaluados que (como reza el título de un reciente informe) se sitúan Top of the Class, en lo más alto, lo mejor de la clase.

Aunque los autores insisten en que ningún rasgo del estudiante top (niveles 5 y 6 de rendimiento en una escala del 1 al 6) presupone condiciones sine qua non, lo cierto es que los mejores suelen ser chicos (cierto que sin excesivas diferencias respecto a sus compañeras, 10 y 8% respectivamente), provienen de familias con un alto nivel socioeconómico, nacieron en el país donde fueron examinados y en casa hablan el mismo idioma que se utiliza en su escuela. No es improbable que también destaquen en matemáticas o lectura; incluso en el 45% de los casos los top científicos también arrasan en los otros dos ámbitos de aprendizaje analizados por PISA.

El estudio también afirma, quizá con demasiada rotundidad, que los resultados medios de un país sólo guardan una “débil relación” respecto al porcentaje de alumnado que se encuentra en el olimpo de la excelencia. Una verdad a medias. Por una parte, es correcto afirmar que determinados países (por ejemplo Alemania o el Reino Unido) combinan altos porcentajes tanto de alumnos excelentes como de aquellos que penan en la mediocridad científica, mientras que otros estados poseen nutridas canteras de cerebritos sin que esto implique condenar al pozo de la ignorancia a extensos contingentes de alumnos. Pero también lo es que los países con una buena media tienden a presentar buenos porcentajes de excelencia. Veamos si no. A la cabeza de alumnos top: Finlandia, Nueva Zelanda, Japón, Australia, Canadá… Y por la cola: México, Turquía, Portugal, Grecia, Italia y… España, que con un 4,5% recorta a la mitad el promedio OCDE. Pública y privadaHay excepciones (a destacar Japón), pero la tónica habitual indica que los colegios privados fabrican más estudiantes que deslumbran si los comparamos con los públicos. Esto nos dicen los datos en bruto, porque, según los autores, el famoso tamiz de las condiciones socioeconómicas del alumnado equilibra las cosas, desvelando incluso una “pequeña ventaja significativa” a favor de la Pública.Sea pública o privada la escuela, Top of the Class canta las virtudes de un entorno escolar con individuos privilegiados desde una perspectiva socioeconómica a la hora de alcanzar la excelencia en ciencias (y por ende en otros ámbitos del aprendizaje): mayor disciplina y exigencia, mejores profesores y pique entre alumnos con elevadas aspiraciones en cuanto a su futuro laboral.Menos obvia se antoja la influencia de los métodos de enseñanza empleados por los profesores que imparten ciencia.

Los mejores alumnos respondieron que sus profesores suelen centrarse en explicar conceptos científicos básicos y en sus aplicaciones en situaciones reales que afectan a su vida cotidiana y al devenir de la sociedad. Los docentes también hicieron hincapié en cómo ciertos principios generales sirven para fundamentar fenómenos de diversa índole.Por el contrario, los estudiantes que obtuvieron peores resultados aseguraron que en sus sesiones lectivas abundan la interacción con otros alumnos, la realización de experimentos y los simulacros de investigación científica.La interpretación de dichos resultados, apunta el informe, supone un “desafío”.

La opción más plausible, continúa, es que los docentes prefieren el “enfoque tradicional” de conceptos y aplicaciones (más denso pero también más eficaz) a la hora de enfrentar una sesión lectiva con un público de buenos alumnos, mientras que procuran “atraer la atención” o reenganchar a los peores recurriendo a actividades más entretenidas.Top of the Class abunda en epígrafes que arrojan escasa luz a la hora de trazar estrategias que ayuden a incrementar el volumen de estudiantes que tocan el techo de la excelencia científica. El problema radica en que uno no sabe qué es causa y qué consecuencia.Por ejemplo, sabemos que los alumnos top leen más libros sobre cuestiones científicas, ven más programas de televisión y escuchan más emisiones de radio sobre estos temas, visitan con mayor frecuencia páginas web que hablan de anatomía o biología humana y frecuentan más que cualquier otro grupo de estudiantes clubs de ciencia. También sabemos que se lo pasan comparativamente mejor en las clases de Física o Química, o que se sienten más confiados en el aprendizaje científico. ¿Y bien? Siempre es bueno que la estadística refrende las hipótesis del sentido común… ¿Y en el futuro?La OCDE parece especialmente preocupada por la potencial fuga de cerebros (no a otros países, sino a otros ámbitos del conocimiento) entre los alumnos que destacan sobremanera en ciencia. La razón es que un 39% (23% España) de estudiantes top no se muestra interesado en dedicar su vida laboral a la ciencia. Más aún, el 44% (22,8% en nuestro país) no tiene previsto embarcarse en titulaciones científicas tras la Secundaria. En ambos casos, la tendencia es más acusada entre las chicas.Si bajamos un nivel en la escala de rendimiento y la pregunta se dirige a lo que PISA considera buenos (pero no excelentes) alumnos científicos (nivel 4 en la escala del 1 al 6), nos encontramos con que menos de la mitad tiene previsto contribuir al progreso científico de la sociedad cuando sea adulto.Entre otras razones, el informe atribuye esta escasa predilección por los empleos y estudios científicos a la escasa información disponible. Más del 40% de los top no saben dónde recurrir para obtener asesoramiento sobre el tema ni conocen los pasos que han de seguir en caso de que decidan optar por una carrera relacionada con las ciencias.Otro motivo de peso es simple y llanamente la ausencia de motivación. Por ello, los autores crean una nueva tipología de estudiante que definen como “excelentes alumnos relativamente desmotivados”, esto es, alumnos con puntuaciones nivel 5 o 6 que aseguran sentirse menos motivados por la ciencia que la media de los buenos alumnos.

El estudio llega a la conclusión de que las condiciones socioeconómicas o el sexo de estos alumnos no tienen nada que ver con su falta de interés. Por el contrario, sí resulta relevante que los chavales top relativamente desmotivados se lo pasen peor en clase, se involucren menos en actividades científicas extraescolares y afirmen recibir menos información sobre carreras científicas.

¿Qué hacer con estos alumnos? Buena pregunta, responderán los expertos de la OCDE a tenor del tono algo inocente con el que desglosan algunos consejos para que los países reanimen su potencial latente. Recomiendan, por ejemplo, mejorar las técnicas didácticas (sin decir cómo), crear premios de carácter científico, fomentar la lectura de ciencia ficción, diseñar videojuegos en los que la ciencia esté presente de una manera u otra, o programar dibujos animados estilo Érase una vez la vida. ¿Y si el problema es vocacional? ¿Y si los chavales son unos hachas en Química pero lo que les apasiona es la Filología Árabe? Son cuestiones que Top of the Class no contempla. Intereses de los alumnosSerá porque el agravio comparativo conduce al pasotismo, pero en el PISA 2006 los peores alumnos de los mejores países (Finlandia, Japón, Holanda, Corea del Sur…) suelen mostrar los niveles más bajos de interés en las distintas materias y otros aspectos que componen el universo científico. Existe una excepción a esta tendencia: España.

Los datos son de lo más desconcertantes.–FísicaSólo el 26,4% de los alumnos españoles con bajo rendimiento se sienten atraídos por las leyes que gobiernan el universo. Por debajo están países como Finlandia, Japón y Corea del Sur. El resto de países mediterráneos presentan porcentajes superiores al nuestro en al menos 13 puntos porcentuales.–Química¿Probetas y burbujeantes reacciones? Interesantes para el 22,2% de nuestros estudiantes más mediocres. Sólo ganamos a Corea del Sur (19,9%). Italia nos saca 14 puntos, Grecia más de 20 y Portugal se va más allá del 50%. –AstronomíaEstrellas y planetas llaman la atención del 27,1% de los chavales patrios con puntuaciones muy por debajo de la media. Encontramos porcentajes inferiores entre los alumnos coreanos e irlandeses. Todas las naciones de la Europa meridional se van más allá del 40%. –Diseño de experimentos

Conocer cómo esos hombres de bata blanca ingenian sus experimentos tira al 31,8% de alumnos nacionales no muy duchos en conocimiento científico. Somos los quintos por abajo, con menores índices de interés en Finlandia, Japón, Dinamarca y Holanda. –Explicaciones científicasUno de cada cinco alumnos españoles con bajos resultados desea activamente entender qué se necesita para llevar a cabo una demostración científica. Cuartos por la cola tras Finlandia, Japón y Corea. De los países bañados por aguas mediterráneas, el que más se nos acerca es Grecia, que nos supera en casi 20 puntos. Se buscan estudiantes todoterrenoGracias a su compulsión estadística, Top of the class también nos permite saber cuántos alumnos recorren los caminos de la excelencia en cada país con vehículos todoterreno, es decir, qué porcentaje de chavales refulge con brillantísimas puntuaciones en los tres campos analizados: ciencia, matemáticas y lectura.Malas, malísimas noticias para España. Si exceptuamos a México y Turquía (nimio consuelo), nuestro país aparece en lo más bajo del subsuelo clasificatorio con sólo un 0,8% de estudiantes top en todos los ámbitos sometidos a examen. Nos superan Portugal (1,5%) y Grecia (0,9%), esos tradicionales recursos antidepresivos de los que tiramos cuando, a la vista de los paupérrimos resultados que solemos obtener en las evaluaciones internacionales, nos da por pensar que siempre nos quedarán Lisboa y Atenas.No busquen culpables en ciencias o en matemáticas: tenemos notas muy por debajo de la media global entre las élites estudiantiles de la OCDE, pero hay países peor que nosotros. Es la lectura, con sólo un 1,8% de quinceañeros en lo más alto del podio, la que motiva tan vergonzante descalabro. Incluso Turquía (2,1%) nos supera; Portugal, con un 4,6% de estudiantes top en las artes de la palabra escrita, se antoja una utopía.Aún hay más. Si nos fijamos exclusivamente en todos los alumnos españoles cuyo denominador común es que obtuvieron niveles 5 y 6 de rendimiento en ciencia, y diseccionando este grupo obtenemos el porcentaje de los que también alcanzaron la gloria en matemáticas y lectura, concluimos que sólo lo hicieron un 15,6%. No hay datos para Turquía y México (quizá por contar con muestras top demasiado exiguas), así que aquí ni siquiera encontramos paliativos en estados con índices de desarrollo tan alejados de los que gozamos por estos lares. Somos los últimos: el siguiente es Grecia con un 25,9%


Autor Rodrigo Santodomingo


Fuente
http://www.magisnet.com/noticia.asp?ref=4992
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